viernes, 18 de junio de 2010

El cambio climático y el agro peruano


El Cambio Climático es un problema ineludible que el sector agrario peruano ya está empezando a sentir en tres aspectos: En primer lugar, se está empezando a notar una variación en el calendario agrícola en muchas zonas. Es así que cultivos que antes se cosechaban entre febrero y marzo, por ejemplo, hoy extienden su periodo de cosecha hasta junio, como es el caso del algodón en la costa central. La principal explicación es que actualmente las lluvias se retrasan con mayor frecuencia que en décadas pasadas, y muchas labores que usualmente se realizan entre setiembre y noviembre, ahora deben realizarse dos o tres meses después. Las épocas de riego también se extienden, y eso está cambiando el calendario agrícola,sobre todo en algunos cultivos de costa propios de la campaña grande.

Otro efecto del calentamiento global que ya es evidente es el desplazamiento de cultivos a zonas más altas, por la elevación de las temperaturas y la deglaciación. Ejemplos de esto son el maíz o la papa, que ahora pueden cultivarse a altitudes en las que anterioemente era imposible. Esta tropicalización del clima podría ser beneficiosa para la comercialización de los productos mencionados, pero también debe ser analizada considerando el posible impacto en los ecosistemas. Es probable que se esté haciendo uso intensivo de tierras que probablemente no son adecuadas para sembrar estos cultivos.

El tercer punto, que afecta particularmente a los frutales, es el peligro de que pierdan ciertos atributos y calidades por las que actualmente son apreciados, debido a las variaciones cada vez más bruscas de temperatura. Por ejemplo, en San Lorenzo y en los demás valles de Piura, los frutales necesitan temperaturas que no sean muy variables durante su proceso de formación de fruto, para que desarrollen características adecuadas de textura y dulzura. ¿Pero qué ocurre hoy end día?. La diferencia de temperatura entre día y noche se está incrementando, y con ello aumenta el peligro de que la dulzura y turgencia de los fruto se vean afectados. Si continúa elevándose la temperatura promedio, y sigue aumentando la disparidad entre la temperatura diurna y nocturna, la calidad de los frutos va a empeorar, y con ello se abre la posibilidad de que cultivos como el mango o la palta tengan que ser sustituidos por otros que se adapten mejor a climas más cambiantes.

Otro efecto del cambio climático del que se habla mucho es la escasez de agua, pero la realidad, por lo menos en la costa, es que en el corto plazo no se sentirá mucho, pues nos encontramos en plena etapa de deglaciación en que la disponibilidad del recurso hídrico aumenta. De hecho, en estos años, el crecimiento de áreas cosechadas es espectacular. La pregunta es qué tan sostenible es eso en el mediano plazo, más aún para las cuencas de la vertiente del Pacífico.

Sin embargo, aunque existe preocupación en los sectores público y privado sobre las consecuencias a mediano plazo, en realidad poco se está haciendo en términos concretos para aminorar los daños previstos. Un informe preliminar del Ministerio del Ambiente encuentra que sólo se ha cumplido con el 13% de las metas establecidas hace siete años en la Estrategia Nacional de Cambio Climático.

Es necesario ser más proactivos para adaptarnos, allí donde los efectos ya sean irreversibles, y en lo posible, mitigar los efectos en las zonas en que el cambio climático aún no muestra efectos visibles. Hay prácticas como la siembra de agua y otras, que aunque no han sido desarrolladas específicamente para enfrentar el Cambio Climático pueden ser útiles para adaptarnos a sus efectos. Otro aspecto crucial es adoptar el enfoque territorial para enfrentar este tema. Hay que tener en cuenta que los espacios afectados no son solo un distrito, una provincia, o un valle, sino generalmetne están concatenados con espacios mayores. En este sentido, el último Informe del Desarrollo Humano del PNUD, que enfoca su análisis en las cuencas hidrográficas, puede ser un punto de partida.